
Esto debería ser obvio, pero “Panty Party” no es precisamente un juego adecuado para que te traigas a tus hijos y jugar con ellos aquí en la Cantina.
Como su nombre indica, Panty Party se centra principalmente en… bragas. Pero (aun que ya lo sospechabas) al estar ambientado en un universo tipo anime que parece salido de un salto al vacío del buen gusto, es lógico que exista una extraña historia sobre por qué esas bragas pueden hablar y luchar. Sí, ya sabes… son japoneses; es su cultura, y hay que respetarla…

Orígenes oscuramente encantadores
Desarrollado por el estudio taiwanés Animu Game y publicado por la compañía japonesa COSEN Co., Ltd., Panty Party fue lanzado en 2017 para PC y más tarde para Nintendo Switch.
Curiosamente, aunque suena a broma de sobremesa, el juego está traducido a un montón de idiomas: inglés, francés, alemán, español, portugués, holandés, ruso… incluso turco. ¡Por el amor de Dios! Qué nadie se quede sin poder disfrutar de esta obra en su idioma natal.
Y no es hentai, sé que es complicado de creer en una primera instancia, pero así lo asegura la etiqueta “sin contenido hentai” en sus anuncios japoneses.
¿De qué va? El absurdo elevado a arte
En el juego, la estudiante de instituto “Yurika” es nombrada la Guerrera del Amor por un par de bragas (sí, vuelvo a repetir: bragas parlantes). Más tarde ella misma se transforma en su propio par de bragas para luchar en cada nivel. Puede que le falte el estilo de la secuencia de transformación del “Poder Prisma” de Sailor Moon, pero el personaje-bragas de Yurika lleva todos los adornos típicos de una superheroína de instituto que lucha por el amor… o por la ropa interior, suponemos desde aquí en la Cantina.

La obra se narra al estilo de una visual novel (y, como ya sabéis en la Cantina del Pixel, cuando algo es visual novel y bizarrísimo, necesito traerlo). Muchos diálogos, humor para adultos, y bastante fácil de seguir.
Pero claro: como el juego gira en torno a la propia ropa interior femenina, Panty Party se permite giros absurdos y subidos de tono que me hicieron sentir vergüenza ajena más de una vez.
En concreto, algunos personajes llaman a la protagonista “caducada”, algo que nunca llegué a comprender del todo, pero la sensación que me produjo fue (en el mejor de los casos) incomodidad. Sobre todo cuando la comparaban con una chica mucho más joven en alguna escena anterior.
Y ojo, querido lector: reconozco que soy un buen aficionado al anime que disfruta de series que pecan precisamente de esto, así que no me creo un dios sólo por señalarlo… o bueno, a veces sí.

La experiencia: ridícula, incómoda… y entretenida
Aun así, el juego consiguió hacerme sentir algo incómodo con la forma que algunos personajes veían a nuestra querida prtagonista. Pero pese a la cantidad de veces que Panty Party me causó desconcierto o más bien rareza… también me reí de lo ridículo que era todo el invento.
Porque pase lo que pase, el juego no se toma en serio a sí mismo, y eso me encanta.
Cuando me llegó el momento de luchar en el juego, todo era ridículo, pero a la vez muy divertido. La mayoría de las bragas jugables (sí, hay varias) tienen sus propios ataques a distancia con su respectivo cuerpo a cuerpo y, una vez coges el truco, se puede crear una estrategia por cada capítulo de historia y así derrotar a las bragas enemigas con cierta dignidad… para lo que la premisa permite.

Panty Party se divide en tres modos: historia, arcade y multijugador. Cada mapa es prácticamente igual, y los enemigos tienen mecánicas ofensivas y defensivas similares. Esto puede hacer que la jugabilidad sea algo repetitiva, pero no necesariamente monótona. Avanzar en cada nivel se convierte en algo fácil y satisfactorio… y con risas de por medio.
Los diálogos durante el combate eran simpáticos y motivadores… pero se veían perjudicados por los gemidos sexuales que hacía Yurika cada vez que usaba el ataque “Pasión”. Otro recordatorio de que, aunque el juego sea para echar unas risas, sabe perfectamente a quién va dirigido.
En definitiva
El juego fue lo que esperaba: raro, sorpresivo y medio glorioso. Me lo pasé bien, a pesar de los gemidos, los chistes subidos de tono y los argumentos que harían ruborizar a un inspector de contenidos.
Si estás buscando una versión de juego de lucha básico, con estética anime, una premisa loca y muchas bragas combatiendo… puede que Panty Party sea justo lo que llevabas tiempo buscando.