Si tuviese que definirme como gamer, diría que soy más de la vieja escuela que de la nueva. Mis primeros recuerdos con los videojuegos se remontan al viejo Amstrad de mi tío y a aquellos míticos salones recreativos que olían a tabaco, fritanga y gloria.
Aún mantengo en mi maltratada memoria haber jugado títulos de Neo Geo, especialmente de SNK, como Metal Slug, Blazing Star, Sengoku o Spin Master (con su mítica primera pantalla ambientada en el aeropuerto de Barajas).

Siempre quise tener esos juegos en casa, pero claro… ¿cómo le vendías tú a tus padres la idea de comprarte una recreativa completa, cuando con suerte —y la bendición del Dios del Pixel— te caía un cartucho de Game Boy al año?

Un verano, en uno de esos días eternos en los que mi madre no sabía qué hacer conmigo mientras trabajaba, decidió (o más bien no le quedó otra) llevarme a la oficina. Allí conocí a otro chaval, hijo de una compañera, que también sufría el mismo castigo: ver cómo su madre cumplía con sus obligaciones laborales, mientras él se desintegraba lentamente del aburrimiento. Aquel verano, en lugar de vivir aventuras, corretear por caminos, comer helados, nos convertimos en dos pequeños prisioneros del aire acondicionado y el silencio de la burocracia.

Pero mira tú por dónde, aquel chico sin saberlo me abrió las puertas de un mundo nuevo: la Hobby Consolas. Ver aquella revista fue como un orgasmo visual pixelado para el que mi inocencia no estaba preparada.
Ya conocía Micromanía, claro, pero era demasiado seria, casi adulta. Hobby Consolas, en cambio, era color, emoción y promesas imposibles: entre sus páginas descubrí por primera vez la Neo Geo, aquella consola que “prometía” llevar el arcade directamente a tu salón… siempre que tu salón tuviera el presupuesto de narcotraficante colombiano.

Recuerdo (sin mirar aquel número, palabra de jugón) que el sistema costaba una auténtica salvajada. La llamaban el “Rolls-Royce de los videojuegos”, y no exageraban. Los cartuchos rondaban las 20.000 pesetas o más, una cifra tan lejana para un chaval como el precio de una nave espacial. Así que sí: mi sueño de tener en casa aquel festival de píxeles y felicidad se esfumó tan rápido como la paga del domingo en un salón recreativo.

Pero mira tú por dónde, 33 años después (bueno, vale, alguno menos 😅), he conseguido hacerme con una flamante y morenaza Neo Geo. Eso sí, el coleccionismo de este sistema sigue estando reservado a millonarios tipo Jeff Bezos, Elon Musk o ese primo tuyo que sepasa todo el verano en Puerto Banus.
Aun así, sigo teniendo sueños húmedos con aquellos títulos que me dieron tantas alegrías y con la historia que envuelve a esta consola legendaria.

Y justo por eso, gracias a Bitmap Books, ahora tú y yo podemos conocer aún más de ese universo con el libro NEOGEO: A Visual History.

Bitmap lo hizo posible con la bendición oficial de SNK. Una joya, aunque para algunos con un pequeño “pero”: está solo en inglés, el idioma de Shakespeare (y de los manuales técnicos). Pero si te consideras fan de Neo Geo o simplemente te pica la curiosidad, necesitas tenerlo.

El libro es una auténtica bestia parda: tapa dura, tamaño A4 y más de 400 páginas. Abarca toda la historia de la marca desde su nacimiento en 1973 hasta 2017. Incluye un prólogo del maestro Yutaka Noguchi, entrevistas con coleccionistas (para que te dé un microinfarto al ver sus vitrinas) y con miembros de SNK. Incluso trae una lista maestra de todos los juegos lanzados oficialmente para MVS, AES y Neo Geo CD.

Si has leído alguna de mis otras reseñas, ya sabes que solo hablo de libros que realmente merecen la pena. Y este no es ninguna excepción.
Las fotos, entrevistas e ilustraciones son de una calidad insultante. Cuando lo tienes en las manos, sientes el peso del cariño y del amor con que ha sido hecho… y también el peso literal, porque es un ladrillo hermoso capaz de matar a un mosquito a dos metros.

La encuadernación está cosida con hilo (nada de pegamento cutre del chino), así que las páginas no se despegarán ni aunque lo abras tantas veces como Samurai Shodown ha tenido secuelas.
La cubierta y el lomo están impresos con tinta dorada metálica —sí, puro lujo nipón— y los colores de las páginas tienen una nitidez casi 4K (sin lag y sin input delay).

Cuando sostienes este libro en tus manos (por muy grasientas que sean 😜), sabes que estás tocando algo especial: un trabajo hecho con mimo, nostalgia y respeto por una de las consolas más queridas —y más cruelmente caras— de la historia.


⚠️ Disclaimer:

Las imágenes y el contenido del libro NEOGEO: A Visual History pertenecen a sus respectivos autores y a Bitmap Books / SNK. Esta reseña se realiza sin ánimo de lucro, únicamente con fines divulgativos y de admiración.
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