(o cómo sobrevivir a 8 bits de pura locura japonesa)

Antes de que los gamers se dejaran las pestañas frente a pantallas 4K y los DLC costaran más que la consola, existía un mundo más simple y brutal: la NES.
Una caja de plástico gris que se calentaba más que un VHS de Rocco Siffredi, pero que cambió la historia del videojuego.

Nintendo ya había demostrado que no era un cualquiera con Donkey Kong y las Game & Watch, pero fue en 1983, con la Famicom, cuando el universo entero supo que estos tipos venían a quedarse.
Aquella maquinita de 8 bits no solo revivió un mercado en ruinas tras el crash del 83; también nos dio franquicias que siguen ordeñándose hoy con más remakes que dignidad: Mario, Zelda, Metroid, Kid Icarus

Y ahora, sin más tonterías, vamos con una selección de títulos que todavía huelen a polvo, nostalgia y lágrimas de frustración.
No hay ranking, porque todos te humillarán igual.


Castlevania III: Dracula’s Curse

Antes de que los vampiros brillaran como discoballs, Trevor Belmont ya repartía látigos a todo lo que olía a sangre.
Cuatro personajes, caminos alternativos y una banda sonora que podría despertar a los muertos.
Gótico, pixelado y glorioso.


Metroid

Jugar al Metroid original hoy es como intentar mandar un fax con una cafetera.
Duro, confuso y sin mapa, pero con una atmósfera que sigue dándote escalofríos.
Pro tip: si quieres sufrir menos, juega Metroid Zero Mission en vez de este fósil.


Super Mario Bros. 3

El día que Super Mario Bros. 3 salió, todos los demás videojuegos se miraron al espejo y dijeron: “somos basura”.
Trajes de mapache, niveles que nadie ha vuelto a igualar y un ritmo tan adictivo que debería venir con receta médica.


The Legend of Zelda

Nada de tutoriales, nada de minimapas.
Solo tú, un encendedor y la idea de que si quemas arbustos al azar igual encuentras un templo.
Un juego que confía más en ti que tu profesor de mates, y eso ya es decir mucho.


Kid Icarus

Saltos imposibles, enemigos cabrones y un héroe que se cree Cupido con esteroides.
Caerás mil veces, pero siempre volverás porque, por algún motivo, la música te hará sentir que puedes volar (aunque no).


Micro Machines

Carreras con coches del tamaño de una aceituna.
Si alguna vez quisiste conducir por una mesa de desayuno esquivando cereales, este es tu juego.
Perfecto para jugar con un colega y acabar peleados.


The Guardian Legend

Un híbrido entre shooter y aventura.
Eres una mujer-cyborg que dispara más que el ejército de EE. UU. en un mal día.
Mitad Zelda, mitad Gradius, 100 % locura ochentera.


Kirby’s Adventure

Una bola rosa que se traga todo lo que ve y copia sus poderes.
Sí, el concepto suena perturbador, pero funciona.
Uno de los mejores plataformas de la NES y el inicio de la dieta más peligrosa de la historia.


Mega Man 2

Difícil, pero justo.
Increíble banda sonora y jefes que parecen salidos de un taller de fontanería radiactiva.
Si alguna vez necesitas recordar por qué los 8 bits eran magia, este es el cartucho.


Final Fantasy

Se llama así porque sus creadores pensaban que sería su último juego.
Spoiler: no lo fue.
Un RPG primitivo, pero con corazón; y si sobrevives a los menús, mereces una medalla pixelada.


Contra

Corre, dispara y muere. Repite.
El juego que hizo que todos creyéramos que éramos Rambo… hasta que llegaba la primera granada.
Dos jugadores, mil balas, cero piedad.


Punch-Out!! Featuring Mr. Dream

Un juego de boxeo donde no boxeas: estudias patrones, esquivas y rezas.
Humor absurdo, estereotipos imposibles y más ritmo que una rave de 1989.
Obligatorio si alguna vez te peleaste con tu tele.


Teenage Mutant Ninja Turtles III: The Manhattan Project

Más tortugas, más pizzas, más golpes.
Konami cerró la trilogía NES con un beat-’em-up tan sólido que haría llorar al mismísimo Shredder.


Otros cartuchos que merecen culto

Blaster Master, River City Ransom, DuckTales, Crisis Force
Podríamos seguir, pero la NES tenía más joyas que el joyero de Drácula.
Cada cartucho era una lección de diseño, o una tortura disfrazada de diversión.
Depende de tu paciencia… y de si tu mando todavía tiene el cable intacto.


Conclusión

La NES no era solo una consola.
Era una máquina del tiempo, un castigo divino y una fábrica de mitos.
Si hoy aún sientes ese cosquilleo cuando escuchas el “ding” de encendido…
es porque, en el fondo, nunca escapaste del cartucho.


🪩 Créditos del artículo

Adaptación libre y traducción gamberra del original de Time Extension
por Luis Lozana para La Cantina del Pixel.