
Los dos edificios tanto el centro comercial Ho King y su anexo se llaman igual pero no son lo mismo ¡Y están pegados! ¿Marketing o despiste colectivo? No lo sé, pero a mí me encanta esa actitud hongkonesa de “¿para qué complicarse?”. Este curioso lugar lo puedes encontrar en el cruce de Fa Yuen Street y Dundas Street, en pleno corazón de Mong Kok.
Fue construido en la década de los 80, tenía en sus primeros tiempos un propósito noble: vender videojuegos y consolas. Hasta que, claro, llegó la “diversificación de mercado”. Y con eso quiero decir: películas piratas, series, y aquel glorioso género nopor que convirtió al Ho King en una especie de Las Vegas de los VCD piratas. ¿Ochentas y noventas a más no poder? Totalmente.
El paraíso del videojuego… y del caos
Durante su época dorada, los dos pisos inferiores (según por dónde entres) estaban llenos de tiendas diminutas, cables en el suelo y voces gritando ofertas imposibles. Los vendedores de aquel entonces eran una mezcla entre comerciales, animadores y DJs de mercadillo: gritaban sus eslóganes hasta que se quedaban sin aire, y algunos se hicieron tan famosos que acabaron convertidos en leyendas urbanas de Mong Kok.
Cuenta un blog local que uno de ellos solía gritar algo así como:
“¡Cuatro por uno! ¡Más picante que una telenovela china!”
Una especie de poesía callejera que hoy sería material de sampler para un tema lo-fi de YouTube.
Esos gritos, se dice, definieron la atmósfera del barrio: un mezcladillo de humo, neones y cintas pirata. Era imposible caminar sin escuchar algún “buen precio, amigo” o “originalísimo, de confianza”.
De la piratería al pop adolescente
Con el paso del tiempo, las autoridades de Hong Kong fueron limpiando el lugar. En 2005, el segundo piso se reconvirtió en un mercado de cultura pop juvenil, con figuritas, merchandising y cafés temáticos. Vamos, que pasó de ser el templo de lo prohibido a un centro comercial casi familiar.
¿Lo mejor? Que todavía queda ese aire nostálgico de lo que fue, ese olor a plástico recalentado y a pegatinas de “copias no oficiales”.
Entre cables y tesoros
Hoy puedes encontrar juegos de PlayStation 4 y 5 o Nintendo Switch 1 y 2, a precios que en Europa harían llorar al más tacaño. Pero lo que de verdad tiene encanto es el cacharrero retro.
Yo mismo he comprado allí una Nintendo 64 NTSC-JAP revisada y funcionando por unos 55 €. Y, lo admito, cada vez que paso por Hong Kong me doy una vuelta “solo por mirar”… y salgo con algo bajo el brazo.

El marketing local es digno de estudio: si compras algo, puedes llevarte lo que quieras de los cestos de regalos (pines, pósters, fundas, pins, etc.). Si no compras nada, puedes pagar una cantidad simbólica (unos 1,5 €) y llevarte igualmente algo que te haga ilusión. La cultura del “búscate la ganga” elevada a arte.
Curiosidades del lugar
🟥 Fue uno de los “cuatro puntos negros”
Durante los 90, Ho King era conocido como uno de los “cuatro grandes centros de piratería VCD/DVD” de Mong Kok. No era solo un edificio: era una institución del vicio legalmente dudoso.
🟦 Un grito que hizo historia
Uno de los vendedores de la entrada se hizo tan famoso que acabó en titulares locales. Su frase, gritada sin descanso, era algo así como:
“¡Películas sin censura, mejor que ver la tele!”
y terminó convertida en un lema popular del barrio.
🟨 De mercado negro a cultura pop
Tras la limpieza de 2005, el segundo piso se transformó en un mercado juvenil, con tiendas de figuras, camisetas y gashapon. Lo curioso es que muchos de los nuevos tenderos eran hijos de los antiguos vendedores de VCD. Tradición, pero con muñecos.
🟩 El último bastión retro de Mong Kok
Aunque ya no es el paraíso de los videojuegos viejos, aún quedan pequeñas tiendas donde, con suerte, puedes tropezarte con algún título japonés traducido al chino tradicional, o una NEC PC Engine perdida entre cajas. Las gangas ya no existen, pero la emoción de cazar sigue ahí.
El arte del souvenir involuntario
En mi última visita, me traje unas cuantas piezas de merchandising —esas que dicen “no para venta” pero luego tienen una etiqueta de precio descaradísima de 10 HKD (~1,10 €). Me hizo mucha gracia: ni los tenderos parecen tomarse en serio las normas de distribución.


También me dieron un tríptico promocional que todavía no entiendo si lo reparten las distribuidoras o si lo “adoptan” los vendedores para decorar. Porque en Hong Kong, si algo existe, seguro que alguien lo revende.



Y, por supuesto, en otra tienda tenían una Super Famicom conectada al Dragon Ball clásico. Los chavales pasaban olímpicamente del cartucho y se amontonaban frente a una demo de la PlayStation 5. Los tiempos cambian, pero los cables siguen igual de enredados.

Regalo de despedida del cantinero
Te dejo con la foto de la salida del centro comercial. No hace falta saber chino para entender lo que se vende ahí dentro: basta con mirar los neones, el brillo de los carteles y esa mezcla entre caos y encanto que solo Mong Kok sabe mantener.
